Los Omeyas en España, llamada Al-Ándalus en esa época

Después de que un golpe de estado derrocó a los Omeya en Damasco en el año 750, los vencedores masacraron a la familia Omeya. El único sobreviviente de la familia, Abdul Rahman, se escapó. Él salió de Siria y llego en África del norte, fugándose de sus perseguidores. Al final, Abdul Rahman entró a la España musulmana, con una población a favor de los Omeyas, que en ese momento estaba plagada con luchas internas y rivalidades. Para el año 756, él había unido a las diferentes facciones bajo su dirección y restableció el gobierno omeya en la lejana Córdoba, en España, conocida como al-Ándalus.

El Califato de Córdoba c. 1000

Esto marcó el comienzo de una época gloriosa en la que al-Ándalus se dio a conocer, por un lado, por su grandeza arquitectónica, jardines estéticas, logros intelectuales, inventos científicos y avances culturales, y por el otro, por un espíritu de tolerancia y respeto mutuo entre personas de diferentes religiones, también conocida como la convivencia. [Lea más aquí: Una Edad de Oro compartida]

En un momento en la cual la Europa occidental estaba, literalmente, sumergida en tinieblas, había luces alumbrando las calles y agua corriente en Córdoba. La Mezquita de Córdoba deslumbraba a sus visitantes con su intrincada caligrafía y arcos impresionantes. Los jardines amplios de Córdoba, y luego las ciudades de Medina Azahara y Alhambra, mostraban el poder, el esplendor y el lujo de la España musulmana.

La decadencia del imperio omeya

El gobierno omeya duró hasta el siglo XI, seguido por los gobernantes musulmanes del norte de África reinando en España hasta el siglo XIII. Las luchas internas y las rivalidades habían reducido su unidad a reinos individuales que permitieron a los gobernantes cristianos del norte recuperar esos territorios. En este siglo, Córdoba se había perdido y Toledo se convirtió en la siguiente ciudad musulmana importante. Sin embargo, los musulmanes pronto perdieron a Toledo también y el último bastión musulmán en España fue Granada, donde los musulmanes continuaron gobernando durante los próximos dos siglos, hasta que la reina Isabela y el rey Fernando pudieron conquistarla en 1492—el mismo año en que Cristóbal Colón descubrió las Américas.

El dominio musulmán en Granada

Con su singular ubicación a los pies de un maravilloso entorno natural de la Sierra Nevada, Granada conquistó los corazones de los musulmanes. Establecieron una sociedad próspera, educada y versátil en esta ciudad.

Bajo el dominio almohade en el año 1200 fue una de las más prósperas y la quinta ciudad más grande de España—musulmanes árabes, españoles, y bereberes, los cristianos y los judíos vivían juntos en paz y crearon un ambiente multicultural único. La seda y otros textiles de calidad inigualable fueron ampliamente exportados. La agricultura floreció como nunca antes—gracias a un sistema de riego excelente. Tenía tres centros principales: los palacios de los sultanes conocidos como Alhambra; El Albaicín, una colina amurallada de calles estrechas y laberínticas que corrían por el distrito histórico; y una nueva zona más plana donde los comerciantes establecieron sus negocios en una zona conocida como la Alcaicería.

En su ensayo, “Granada: un estudio de urbanismo árabe en la España musulmana,” James Dickie señala, “Las casas eran pequeñas, las habitaciones largas y estrechas, pero prácticamente todas tenían cisternas y cañerías. En el interior, eran escrupulosamente limpios. La mayoría de las casas tenían agua corriente. El suministro de agua era de dos tipos: para beber y para la eliminación de aguas residuales; incluso Munzer, desde la Alemania higiénica, maravillaba de lo que vio”.

Esta sociedad produjo un gran número de especialistas de renombre que viajaban con frecuencia para el conocimiento a los centros de aprendizaje en Bagdad y el Este. Algunos de ellos incluyeron: el geógrafo Al Mazini Al-Andalusí al Gharnati, el científico y médico Abentofail (Ibn Tufail), y el poeta-escritor Ibn al Jatib.

Como el autor norteamericano Washington Irving escribió, “La conquista árabe trajo una civilización superior y un estilo más noble de pensar a la España gótica. Los árabes fueron una gente espabiladas, agudos, sagaces, con orgullo de espíritu, y poéticos, que fueron imbuidos de la ciencia y la literatura oriental. Dondequiera que se estableció un centro de poder, se convirtió en un lugar de reunión para los eruditos e ingeniosos; y se suavizaron y refinaron las personas a las que conquistaron” [Lea más aquí: el Islam en Europa].

Alhambra

Los compuestos de la Alhambra son una de las numerosas obras maestras del arte hispano-musulmán. Alhambra es más probable la culminación arquitectónica de arte nazarí y la mayor parte de ella fue construida durante la época de Yusuf I y Mohamed V, entre los años 1333 y 1354.

Dana Facaros y Michael Pauls, autores de Granada, Sevilla, Córdoba, dicen, “El regalo de Granada fue la Alhambra, de acuerdo común, el palacio más hermoso en el mundo, en el entorno más bonito, por debajo de la Sierra Nevada, cubierta de nieve. Tal pasado, combinado con la historia bastante sombría que siguió, hace de Granada la más anhelante y melancólica de estas ciudades… “

Alhambra obtuvo su nombre debido a su color rojizo (rojo en árabe es al-hamra). Este palacio de majestad sorprendente se mantuvo de pie en las colinas verdes por encima de Granada y es quizás el mejor ejemplo de lo que un palacio medieval musulmán parecía. Teniendo una combinación elegante, equilibrada con diseños geométricos finamente tallados y con trabajo en mármol, la Alhambra revela el pináculo de la cultura islámica—diferentes texturas y elementos de estilos distintivos cuidadosamente unidos como una sinfonía para ofrecer una exquisita belleza y lujo a los habitantes. Este era un lugar donde los estudiosos debatían con otras personas aprendidas sobre temas variados desde la religión a la filosofía y las nuevas invenciones en los campos de la ciencia y la medicina. Los pocos privilegiados reposaban sobre alfombras exuberantes y cenaban con manjares condimentados que se les presentaban en porcelana china.

La caída de Granada

A pesar de que Granada fue fundada formalmente en el siglo XI, los musulmanes habían estado gobernando a España y Portugal desde el siglo VIII. Por la mitad del siglo XIII, sin embargo, los cristianos habían conquistado la mayor parte de la España musulmana. En 1238, Granada se escapó de este destino con la firma de un acuerdo especial con el Reino de Castilla, lo que le permitió convertirse en un emirato independiente de Granada a costa de un tributo anual.

Siendo el último bastión musulmán en España, aceptó a todos los musulmanes que fueron expulsados de los territorios cristianos como Valencia y Almería. El tamaño y la fuerza de la civilización casi fueron duplicados. El comercio y la industria fueron de nuevo en auge, el arte y la educación florecieron y el pequeño reino sobrevivió hasta 1492.

Sin embargo, muchos problemas seguían afectando a Granada, desde la reducción de la producción agrícola a la dependencia en comerciantes ricos para alimentar la economía. Quizás la razón más importante de la caída de Andalucía y Granada fue la pérdida de legitimidad de los emires para gobernar en términos religiosos. La política se separó cada vez más de la religión que dio lugar a la fragmentación entre los musulmanes de Andalucía. En el momento en que los musulmanes de Granada necesitaban unirse de manos contra el ataque cristiano, fueron debilitados por las luchas internas, disputas y celos entre la élite y en la corte del emir. Atrás quedó la gran idea de construir una comunidad islámica universal en Europa.

En Los moros de España, Stanley Lane-Poole escribe: “Tal manía suicida invadió la mente de los gobernantes de Granada en un momento en que todos los hombres que podían reunirse eran necesarios para repeler la invasión de los cristianos. Perdieron su fuerza en ruinosas luchas entre sí, y unos interceptaban los ejércitos del otro cuando estaban en marcha contra el enemigo común. El pueblo de Granada, divididos en varias facciones, ayudaron e instigaron los celos de sus soberanos inconstantes”.

El 3 de enero de 1492, los ejércitos cristianos entraron triunfalmente en Granada. Los musulmanes de Granada fueron el objeto de genocidio y limpieza étnica—contrario a las promesas y garantías por los cristianos que los musulmanes se les permitiría conservar sus propiedades y practicar su fe. Esto fue el final trágico de ochocientos años de dominio musulmán en España.

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