Saulat Pervez

El 11 de septiembre de 2001 (conocido en los EE.UU. como “9/11”) lo cambió todo. Nosotros como ciudadanos viviendo libremente  sin preocupaciones, centrados en nuestras rutinas individuales, contentos sin saber de las noticias internacionales o de la política de lugares lejanos, nos llevamos una gran sorpresa.  Una nación pasmada miraba con horror, llena de dolor y rabia. La tristeza envolvió nuestros corazones, nuestras mentes se inundaron con preguntas y las sospechas acechaban en nuestros pensamientos. Ese fatídico día sacudió nuestra conciencia colectiva y nada volvió a ser igual.

Verdaderamente, esta fue la situación de todos los americanos – incluyendo la minoría musulmana que llama a los Estados Unidos su hogar. De hecho, su ansiedad se intensificó mientras temores de una reacción violenta se convirtieron en realidad inmediatamente después del 9/11: mezquitas fueron vandalizadas, vidas inocentes se perdieron e individuos fueron acosados. Aun así, hubo un gran apoyo entre vecinos, colegas y compañeros. La población local de diferentes religiones se ofreció a las mezquitas como guardias, conseguían alimentos para los musulmanes y buscaron comprender las motivaciones políticas de los terroristas. En la inmensidad de la tierra, sin embargo, se trataba de una minoría valiente, y lo siguen siendo.

A medida que la nación angustiada buscaba venganza, una clara división entre “ellos” y “nosotros” comenzó a surgir, salpicando nuestra psique compartida con frases tales como “guerra santa” y “la militancia musulmana”, por un lado, y la “seguridad nacional” y “la guerra contra el terrorismo” en el otro. En el proceso, pocos en ambos campos reconocieron el Islam como una de las víctimas: su mensaje de paz devastado, sus enseñanzas groseramente mal interpretadas y sus virtudes denigradas.

Hoy, más de una década después, la percepción del Islam en América continúa marcada por los acontecimientos del 9/11, como es evidente en la retórica de la derecha, la campaña anti-sharia y los diversos obstáculos que enfrentan diferentes mezquitas y comunidades musulmanas. En este aniversario del 9/11, nos debemos a sí mismos explorar lo que el Islam dice verdaderamente acerca del terrorismo, los ejemplos históricos de la coexistencia en las tierras musulmanas, como la comunidad musulmana fue afectada por el 9/11 y maneras positivas en que podemos seguir adelante como una nación unida.

El Islam, el yihad y el terrorismo

Muchos conceptos y términos islámicos comenzaron a tomar una vida propia poco después de 9/11. Tomemos, por ejemplo la palabra “yihad”. A menudo traducida erróneamente como “guerra santa”, evoca imágenes de hombres intrépidos que se vuelan en pedazos en el nombre de Dios, convencidos de que van al Paraíso, aunque estén tomando vidas inocentes y destrozando familias. Tales representaciones unidimensionales logran conmocionar, pero no educan.

La palabra “yihad” viene de la raíz “yahada” que significa esforzarse. Al nivel individual, yihad significa principalmente al esfuerzo interno que se requiere para ser una persona de virtud y sumisa a Dios en todos los aspectos de la vida. En una mayor escala, el yihad también puede referirse a la guerra, pero se lleva a cabo después de que todos los esfuerzos por la paz hayan fracasado, y aun así tiene reglas estrictas de combate.

Existen diferencias fundamentales entre el yihad y el terrorismo. En primer lugar, el yihad sólo puede ser puesto en marcha por una autoridad establecida mientras que el terrorismo se lleva a cabo por individuos o grupos que no tienen legitimidad para hablar en nombre de la mayoría. En segundo lugar, el yihad se limita a los combatientes, mientras que el terrorismo causa la muerte de civiles. En tercer lugar, el yihad, en caso que sea necesario, se declara abiertamente; el terrorismo se lleva a cabo en secreto. Por último, el yihad está regulado por estrictas reglas de combate, pero el terrorismo no tiene tales límites.

En verdad, el Corán (también escrito como Qur’an o Koran en inglés) muestra un respeto extraordinario por la vida humana:

“…quien mata a una persona sin que ésta haya cometido un crimen o sembrado la corrupción en la Tierra es como si matase a toda la humanidad. Y quien salva una vida es como si salvase a toda la humanidad”… [5:32]

En otra parte, el Corán menciona,

“…no mataréis a nadie que Alá prohibió matar, salvo que sea con justo derecho. Esto es lo que os ha ordenado para que razonéis”. [6:151]

El Islam ciertamente permite la participación en la guerra para la defensa de la religión y la lucha contra la opresión. Dios dice en el Corán:

“¿Por qué no combatís por la causa de Alá?, cuando hay hombres, mujeres y niños oprimidos que dicen: ¡Señor nuestro! Sálvanos de los habitantes opresores que hay en esta ciudad. Envíanos quien nos proteja y socorra”. [4:75]

Al mismo tiempo, tal guerra conlleva límites estrictos, lo que refleja la inclinación inherente del Islam hacia la paz.

En resumen, el Islam condena enérgicamente al terrorismo y esto se ha dicho en términos inequívocos por los eruditos del Islam en todo el mundo. [Lea algunas declaraciones aquí]

Una lección de historia

Dentro de los primeros cien años después de la muerte del Profeta Muhammad, el Islam se había esparcido en todas las direcciones del mundo con una velocidad notable. Desde los desiertos de Arabia, había extendido su alcance hacia el este hasta los bordes de la India moderna y al occidente hasta el norte de África incluyendo España, al sur de Europa. En el octavo siglo, había sustituido con éxito los imperios dominantes persas y bizantinos y se estableció como una potencia mundial. Los musulmanes continuaron gobernando la mayor parte de la región durante los próximos diez siglos, extendiéndose hacia al este hasta algunas partes de China y hacia el sur en África.

Esta fue una época de grandes conquistas, donde gran parte del territorio cayó en manos musulmanas. Ellos conquistaron vastas zonas y poblaciones que no estaban familiarizados con el Islam o musulmanes, sin embargo, la gente nativa aceptaba el dominio musulmán en comparación con los regímenes represivos anteriores. Contrariamente a las creencias populares, las personas pertenecientes a estas tierras conquistadas no se convirtieron al Islam por la espada. Más bien, comenzaron lentamente a aceptar el Islam a través de generaciones y muchos simplemente optaron por mantener sus propias religiones y tenían la libertad de hacerlo.

Históricamente, el Islam defendió la libertad de la religión, cuando pocos lo ejercían. Cuando los musulmanes ocuparon Palestina en el año 637 EC, les permitieron a los judíos entrar y vivir en la Tierra Santa después de 500 años de exilio. España musulmana, desde el siglo 8 hasta el siglo 11, era conocida por su espíritu de tolerancia y respeto mutuo entre personas de diferentes religiones, también conocido como la convivencia. Después de que los musulmanes perdieron a España y comenzó la infame Inquisición, los judíos fueron expulsados de forma masiva – pero fueron recibidos por los otomanos musulmanes con los brazos abiertos. El hecho de que han existido estos grupos de minorías en los países musulmanes durante siglos es una prueba más de la postura liberal del Islam.

Cuando tomamos los actos de unos pocos fanáticos como la representación de una religión entera, terminamos pasando por alto siglos de tradiciones e ignorando los antecedentes históricos que reflejan una realidad completamente diferente, como se muestra arriba.

Los musulmanes americanos responden a los acontecimientos del 9/11

Un destacado erudito musulmán proclamó públicamente,

“El Islam fue secuestrado el 11 de septiembre de 2001 en ??ese avión como una víctima inocente”.

Los musulmanes que practicaban su fe, que vivían la realidad del Islam diariamente lo notaron más; les dolía ver a su religión de justicia, piedad y misericordia comparada a la matanza indiscriminada y el derramamiento de sangre. Como resultado, los musulmanes entraron en acción.

Como grupos de familias muy unidas cuidando de sus propios intereses y negocios, y asistiendo a los eventos de las mezquitas tranquilamente, la comunidad musulmana aprendió a romper el silencio y, de manera proactiva, hablar con las organizaciones locales y nacionales sobre temas como el Islam, el terrorismo y el mundo musulmán. Ellos vocalmente y ardientemente se distanciaron de los terroristas y afirmaron su lealtad a los Estados Unidos. Las mezquitas circularon notas de prensa, imames se reunieron con funcionarios locales y los eruditos musulmanes aconsejaron al presidente sobre cómo manejar la crisis de una manera sensible.

Además, cuando surgieron detalles acerca de los fallecidos, se hizo evidente que decenas de musulmanes también habían muerto en los ataques al WTC. Estos incluyen empleados de restaurantes, ejecutivos, gerentes, comerciantes, técnicos, pasajeros en los aviones y los primeros en responder. ¡Los musulmanes fueron víctimas también! Habían sufrido junto a sus compatriotas, y algunos incluso habían dado heroicamente sus vidas al tratar de rescatar a otros. Por ejemplo, Abdu Malahi, un gerente de audio-visuales en el Marriott World Trade Center, guio personalmente a muchos clientes a seguridad antes de morir él mismo. Varios reportes de sobrevivientes elogian su abnegación y heroísmo.

Por desgracia, debido al clima de miedo y desconfianza, algunas de estas víctimas eran sospechosos de ser los autores antes de que sus nombres fueran absueltos formalmente. Por ejemplo, Rahma Salie estaba en el vuelo 11 de American Airlines junto con su esposo cuando se estrelló en el WTC; ella estaba embarazada de siete meses. Posteriormente, las autoridades le investigaron como posible cómplice del terrorismo y los miembros de su familia fueron colocados en una lista de exclusión aérea que casi les impidió asistir a su funeral.

A pesar de estos sacrificios, el Islam y los musulmanes siguen en el centro de atención negativa desde el 9/11, después de más de una década. Este escrutinio constante ha transformado a muchos musulmanes en activistas, mientras que otros deciden pasar desapercibidos. A pesar de que algunas mujeres musulmanas han dejado de usar el hiyab (el vestimento islámico) para así no  sufrir por asociación, muchas otras voluntariamente se adhieran al mismo. Cada vez más, los hombres y las mujeres eligen ser identificados abiertamente como musulmanes y buscan oportunidades para mostrar que el Islam no es opresivo o extremista.

Durante la última década muchas mezquitas han facilitados diálogos interreligiosos y animado la participación en organizaciones que sirven la mayoría de la comunidad. De esta manera, 9/11 ha permitido a los musulmanes a evolucionar de un pueblo interesado en sus propios problemas  a un grupo que está contribuyendo cada vez más a causas sociales locales y en el discurso relacionado con la fe. Al final, los musulmanes en los Estados Unidos han logrado mantener la cabeza en alto a pesar de todo, celebrando su identidad única como musulmanes estadounidenses y madurando como una comunidad basada en la fe.

Un tiempo para recordar

En este aniversario de 9/11, debemos recordar que gente de todas las religiones, etnias y razas murieron juntas ese trágico día. Los autores de este acto atroz, aunque profesaban ser musulmanes, fueron impulsados ??por sus propias agendas torcidas que no tienen nada que ver con la pureza del Islam.

Cuando pensamos en el terrorismo, al instante nos imaginamos las torres derrumbadas del World Trade Center, los ataques en los trenes subterráneos o el secuestro de aviones. Las víctimas en nuestros pensamientos a menudo provienen del Occidente – bajo el ataque de musulmanes fundamentalistas violentos.

Sin embargo, la realidad es que el terrorismo es ciego: sus objetivos son más inclusivos que exclusivos. De hecho, los musulmanes son víctimas de los ataques terroristas mucho más que los occidentales. Los atentados suicidas en países como Pakistán, Afganistán, e Iraq son alarmantemente común, lo que lleva a las muertes indiscriminadas de civiles y no civiles, la población local junto con los extranjeros.

Por otra parte, más allá del Islam, el tema en el centro del terrorismo es político. Muchas personas, grupos y electorales de países en desarrollo están indignados porque sienten que sus gobiernos han dado rienda suelta a los EE.UU. en las cuestiones que benefician  los intereses estadounidenses, tales como permitiendo ataques con aviones no tripulados como en el caso de Pakistán. A veces, estas acusaciones se convierten en una amarga hostilidad, dando lugar a ciertas organizaciones autodenominadas que desean desahogar su furia en forma de ataques terroristas, tanto internamente como externamente, barnizando su retórica con la chapa religiosa.

Acusando al Islam o a los musulmanes de esos actos reprobables sólo ayuda a los terroristas lograr  su misión de dividir el mundo a lo largo de líneas religiosas, étnicas o políticas. Tenemos que derrotar a los terroristas abrazándonos mutuamente, permitiendo el diálogo constructivo, mediante la participación en causas comunes independientemente de la fe, la etnia o la raza – igual que los que murieron el 9/11.

Nunca debemos olvidar los acontecimientos del 9/11 – pero tenemos que aprender a diferenciar entre los autores y la fe que profesan, entre unos pocos extremistas y sus miles de millones de fuertes contrapartes que aman la paz. Sólo entonces podremos hacer justicia a las víctimas de 9/11 – a todos ellos – y dar un golpe fatal al terrorismo.

En este aniversario del 9/11, que esta sea nuestra visión, que éste sea nuestro legado.

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