Por Osman Shaheen

Muchos de los problemas que enfrentan las personas en el mundo actual tienen su origen en la falta de atención a los principios morales. Desde el asesinato hasta el fraude, el número y el tamaño de las actividades criminales han aumentado de manera exponencial en las últimas cinco décadas. Uno sólo tiene que encender el noticiero local para darse cuenta de la ansiedad general y la falta de paz en el mundo.

Sin embargo, hace más de 1400 años, un hombre fue capaz de no solamente curar la Península Arábiga de sus vicios, sino también de inculcar en las personas un sentido de compasión hacia los demás. El mundo actual y el mundo durante el Profeta no pudieran ser más diferentes, aunque sus problemas y las soluciones son prácticamente iguales. ¿Qué provoca que gente aparentemente feliz desobedezca las reglas de la sociedad? ¿Y cuáles son algunas posibles soluciones proporcionales con este problema? En este ensayo se analiza el carácter del Profeta Muhammad, la paz sea con él (p??), y examina cómo los valores que practicaba le dieron la fuerza para influir en el mundo que lo rodeaba.

Al año 600 CE, la Península Arábiga era un semillero de vicios. Como escribió el Sheikh Safiur-Rahman Al Mubarakpuri en El Néctar Sellado, su biografía del Profeta Muhammad (p), acerca de la Arabia pre-islámica, “la prostitución y la indecencia abundaba y estaba en plena marcha”.  Los hombres y las mujeres podían cometer actos de fornicación y adulterio sin miedo a consecuencias sociales. El único problema de tal vez mayor preocupación en esos momentos era la fragilidad de las relaciones tribales. Estas tribus eran legendarias en todo el Viejo Mundo por la manera en la que guardaban rencores por generaciones. Aparte de durante los meses prohibidos, las batallas entre ellas eran comunes y se producía mucho derramamiento de sangre. En menos de un siglo, sin embargo, el Profeta Muhammad (p) reformaría la sociedad árabe, y su mensaje transformaría a poblaciones enteras desde Damasco hasta Etiopía.

La honestidad

Las características exactas que permitieron que el Profeta (p) lograra todo esto son innumerables. Sin embargo, la mayor de ellas era su honestidad. La gran cantidad de nombres atribuidos a él incluyen “Al Sadiq” (el Honesto) y “Al Amin” (el Fiel). Hasta sus enemigos, quienes estuvieron diametralmente opuestos a todo lo que él predicaba, lo llamaban por estos nombres. Efectivamente, el Profeta Muhammad (p) se definía por su honestidad.

El primer ejemplo de su honestidad se encuentra en las condiciones que estableció para los asuntos de créditos y préstamos. Lo más significante es que el Profeta (por la orden divina de Dios) eliminó el interés; el deudor ya no se vio obligado a pedir prestado dinero bajo condiciones indignantes que lo condenarían a una vida de servidumbre a la entidad crediticia. Un testimonio de la gravedad de no devolver las posesiones y pagar los préstamos radica en la Despedida del Profeta (p). Les recordó a las personas a ser fieles y a regresar lo que se les había sido confiado (sus deudas) a sus legítimos propietarios.

El tratamiento de las mujeres

El excelente carácter del Profeta (p) también se notaba en su tratamiento hacia las mujeres. En la Arabia pre-islámica, a las mujeres se les trataba como mercancía. O sea, no tenían derechos a la propiedad, el divorcio era únicamente pronunciado por parte del hombre y ellas eran las responsables por toda la labor del hogar. El Profeta (p), sin embargo, se involucraba activamente en los asuntos caseros. Él ayudaba a su esposa con los quehaceres como barrer el piso. De acuerdo al autor, Fazl Ahmad, en Muhammad: El profeta del Islam, cuando sus hijos se enfermaban, el Profeta (p) se mantenía al lado de sus camas y los cuidaba. Por orden de Dios, el Profeta (p) les concedió a las mujeres dentro del Islam el derecho de iniciar un divorcio y ser dueñas de propiedad, entre otras cosas.

Es importante notar aquí que el punto de vista de los críticos es decir que el Islam, en lugar de concederles los derechos a las mujeres, las oprime hasta el punto de sumisión al hombre. No obstante, sólo se necesita estudiar cuidadosamente el Corán, el libro sagrado del Islam, y los dichos proféticos para entender el énfasis que el Islam pone en el buen trato y relacionamiento positivo con las mujeres. Las directrices del Islam al respecto eran tan diferentes a las normas de la Arabia pre-islámica que hasta muchos de los compañeros del Profeta tenían dudas acerca de pedirles consejos a sus esposas acerca de asuntos importantes. A pesar de esta resistencia inicial, la creencia en Dios y el ejemplo presentado por el Profeta (p) finalmente los convenció a integrar esta práctica en sus vidas.   Efectivamente, el Islam elevó a las mujeres a un nivel igual que el hombre, y el ejemplo del Profeta (p) reforzó el mensaje de la igualdad del Islam.

La buena voluntad

La buena voluntad del Profeta (p) no simplemente se extendía hacia las mujeres y otros musulmanes. Inclusivamente era para la gente de otras religiones, incluyendo los judíos y los cristianos de esa época. Un ejemplo de esto se encuentra en su tratamiento de los prisioneros de guerra durante la batalla de Badr. Los prisioneros fueron mantenidos en muy buenas condiciones de vida e incluso alimentados con comida adecuada. Además, se les dio la opción de liberarse ya sea por pagar un rescate o mediante la enseñanza de diez musulmanes a leer y escribir. Este ambiente está en contraste directo a las pésimas condiciones que han sido tratados la mayoría de prisioneros de guerra en el pasado y en el presente, como la tortura física y la falta de instalaciones adecuadas. Incluso con todo el derecho del mundo, el Profeta (p) se contuvo y se encargó de que sus compañeros trataran a sus enemigos con hospitalidad y buena voluntad.

La situación del mundo actual es sorprendente y a la vez desconcertante debido al valor mínimo que se le ha puesto a la vida humana. A nivel individual y nacional, un grupo puede tratar a otro como desechable simplemente porque su manera de pensar es distinta. El Profeta (p) trascendió todas estas diferencias percibidas a través de su carácter. Desde el principio hasta el fin, su honestidad, su tratamiento de las mujeres y las minorías, y su comportamiento hacia los no musulmanes establecieron la norma que inspiraría a todos sus seguidores. Por esto es que el autor Michael H. Hart reconoció al Profeta (p) como el primero entre las 100 personas más influyentes de toda la historia.

Mientras muchas personas durante su tiempo no estaban de acuerdo con los principios o pólizas del Profeta (p), hasta su más amargo enemigo llego a respetar la fuerza que le daba su impecable carácter. Como ciudadanos globales en el Siglo 21, es importante mirar más allá de las diferencias y darse cuenta que el denominador humano entre nosotros es lo que cuenta. Debemos buscar ejemplos como el del Profeta (p) y trabajar para incorporarlos a nuestras vidas, con el propósito de aumentar la tranquilidad y hacer del mundo un lugar más pacífico para futuras generaciones.

 

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